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sábado, 11 de mayo de 2013
sábado, 27 de abril de 2013
05-04-13 | SOCIEDAD
Francisco impulsa
la lucha contra la pedofilia
El Papa emitió un comunicado en el que indica que deben avanzar "los procedimientos debidos contra los culpables" del abuso de menores, siguiendo la línea de Benedicto XVI
Crédito foto: EFE
El Sumo Pontífice exigió "actuar con determinación" frente a los abusos sexuales cometidos por religiosos, al recibir este viernes en el Vaticano a los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada de tales denuncias.
"El Santo Padre recomendó en particular que se continúe con la línea de su predecesor Benedicto XVI de actuar con determinación en los casos de abusos sexuales", indicó en un comunicado el Vaticano.
Es la primera vez que el pontífice latinoamericano se pronuncia sobre las miles de denuncias en todo el mundo contra curas pedófilos.
El Papa confirmó que preconizará la tolerancia cero como Benedicto XVI e invitó a la jerarquía de la Iglesia a promover "ante todo medidas de protección de los menores", subraya la nota divulgada por la oficina de prensa de la Santa Sede.
Francisco invitó también a que se "ayude a todos aquellos que han sido víctimas de violencia en el pasado". El nuevo pontífice, elegido el pasado 13 de marzo para reemplazar a Benedicto XVI tras su renuncia, instó a que se impulsen "los procedimientos debidos contra los culpables".A las conferencias episcopales de todos los países invitó a "formular y actuar" las directivas establecidas y reiteró que "reza en modo particular" por "el sufrimiento" de las víctimas de abusos.
El escándalo de los sacerdotes que abusaron de niños y adolescentes estalló primero en los Estados Unidos a comienzos de los años 2000. Luego afectó a las Iglesias de varios países de Europa, sobre todo en Irlanda donde se registraron miles de casos de abusos.
La mayoría de los casos datan de las pasadas décadas, pero al delito de estos sacerdotes venía a sumarse otro: el silencio que cubría los hechos. Algunos curas eran trasladados o protegidos por los prelados.
La Iglesia de América Latina también conoció una serie de escándalos. El más célebre fue el del fundador mexicano del movimiento conservador de los Legionarios de Cristo,Marcial Maciel, culpable también de abusos sexuales.
El papa Benedicto XVI pidió perdón en varias ocasiones en nombre de la Iglesia a las víctimas e impulsó la tolerancia cero.
En mayo de 2011, la Congregación para la Doctrina de la Fe dio el plazo de un año a las conferencias episcopales del mundo entero para adoptar las líneas directrices en materia de lucha contra la pedofilia, que implican colaborar con la justicia civil.
El fiscal para la lucha contra los casos de pedofilia, monseñor Charles Scicluna, indicó recientemente a la Agencia de informaciones sobre el Vaticano I.Media que, "a mediados de septiembre pasado, 75% de las conferencias episcopales habían enviado una respuesta".
La miseria siempre escarbará con obstinado ardor cualquier virtud. Necesario será redimir a estos seres, superar la barrera del asco, el egoísmo y la incredulidad hacia tu propia especie. No seguir jugando al relativismo moral. En medio de la triste agonía y la solitaria congoja, muestra la fulgurante piedad que sólo es posible en el ser humano.
No conocí el paisito
De donde tú llegabas:
Lo busqué en cada mapa Pero no figuraba.
Por eso, al ver tus ojos
Yo me lo imaginaba
Con un río celeste Oleando en sus mañanas.
(¿Fue el río el que te puso de agua la mirada y esa manera dulce de apoyarla en la nada?)
No conocí el paisito
De donde tú llegabas: Por eso, al oír tu risa
Yo me lo dibujaba
Con una torre alta,
Henchida de campanas.
(¿Fue allí donde aprendiste a alzar la carcajada y ese modo de darla sonora, larga, clara?)
No conocí el paisito de donde tú llegabas.
Toqué tu piel y dije:
-Viene de donde se ama.
Por eso fui tu amiga: De puro equivocada,
Que hoy sé que no habría río, ni torre ni campanas...
Fuiste un sueño apenitas
Y era yo quien soñaba.
Tan sólo había tu pecho
Con la puerta cerrada,
Sin rincón de caricias,
Sin paloma anidada,
Sin lugar para un beso,
Sin luces ni guitarras.
Por eso no podías
Sentir que me hacías falta
Ni beber de a poquito
El color de mi lágrima.
Por eso no podías
Atarte a mis palabras,
La mitad, entre risas
Y la otra lloradas.
En vano tantos versos
De siesta amanzanada.
En vano tantos versos:
Mi silencio extrañabas.
Por eso ni siquiera
Decirme qué pasaba
En un día cualquiera
Me dejaste olvidada.
Qué triste es despedirte, Pasajero de mi alma...
Tu recuerdo me sigue
Como un pájaro en llamas.
No podías quererme.
Hoy lo entiendo y me daña
Pero sé que es la vida
La que anuda o separa.
No conocí el paisito
Del que te despegabas
Ni tampoco tú el mío,
Coloreado de infancia.
¿A quién culpar entonces de estas cosas que pasan?
Me llevo mi solcito:
Le sobra a esta nevada.
Mi última muñeca
Mira y no entiende nada.
Mi última inocencia
Es lágrima en la almohada.
Ya apago los reproches,
Como apago mi lámpara
Mientras una certeza
Se enciende en madrugada:
No pudiste quererme.
Eso es todo.
Qué lástima. . Elsa Bornemann. Argentina. 1952
De donde tú llegabas:
Lo busqué en cada mapa Pero no figuraba.
Por eso, al ver tus ojos
Yo me lo imaginaba
Con un río celeste Oleando en sus mañanas.
(¿Fue el río el que te puso de agua la mirada y esa manera dulce de apoyarla en la nada?)
No conocí el paisito
De donde tú llegabas: Por eso, al oír tu risa
Yo me lo dibujaba
Con una torre alta,
Henchida de campanas.
(¿Fue allí donde aprendiste a alzar la carcajada y ese modo de darla sonora, larga, clara?)
No conocí el paisito de donde tú llegabas.
Toqué tu piel y dije:
-Viene de donde se ama.
Por eso fui tu amiga: De puro equivocada,
Que hoy sé que no habría río, ni torre ni campanas...
Fuiste un sueño apenitas
Y era yo quien soñaba.
Tan sólo había tu pecho
Con la puerta cerrada,
Sin rincón de caricias,
Sin paloma anidada,
Sin lugar para un beso,
Sin luces ni guitarras.
Por eso no podías
Sentir que me hacías falta
Ni beber de a poquito
El color de mi lágrima.
Por eso no podías
Atarte a mis palabras,
La mitad, entre risas
Y la otra lloradas.
En vano tantos versos
De siesta amanzanada.
En vano tantos versos:
Mi silencio extrañabas.
Por eso ni siquiera
Decirme qué pasaba
En un día cualquiera
Me dejaste olvidada.
Qué triste es despedirte, Pasajero de mi alma...
Tu recuerdo me sigue
Como un pájaro en llamas.
No podías quererme.
Hoy lo entiendo y me daña
Pero sé que es la vida
La que anuda o separa.
No conocí el paisito
Del que te despegabas
Ni tampoco tú el mío,
Coloreado de infancia.
¿A quién culpar entonces de estas cosas que pasan?
Me llevo mi solcito:
Le sobra a esta nevada.
Mi última muñeca
Mira y no entiende nada.
Mi última inocencia
Es lágrima en la almohada.
Ya apago los reproches,
Como apago mi lámpara
Mientras una certeza
Se enciende en madrugada:
No pudiste quererme.
Eso es todo.
Qué lástima. . Elsa Bornemann. Argentina. 1952
sábado, 9 de junio de 2012
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